Comisario de la exposición
:Diego Vadillo López, analista de Arte.
Utilizaba
mucho mi abuela Emérita, cuando quería exaltar con simpatía las diversas dotes
de una persona, la expresión: “Lo mismo plancha un huevo que fríe una camisa”.
En tal catalogación veo a Liana Acero de la Cuesta, artista de la que
presentamos una sugerente exposición antológica.
Liana Acero es
una mujer de inquebrantable vocación polifacética. El apellido parece como si
augurara un empate entre las disciplinas a que dedica su atención humana y
humanística. El quid de la cuestión hemos de hallarlo en la mirada de la
artista, una mirada sincera, escrutadora de auras; de una profundidad azabache
capaz de conmover los cimientos intrasubjetivos del más aguerrido viandante.
En su pintura
queda apuntada la primaria regularidad que cohesiona tan dispersa cosmología
personal: lo uno en lo diverso, esto es: ella cultiva numerosos terrenos, unos
van quedando en barbecho, según el estado de ánimo, hasta que toque descansar a
otros. Va la buena de Liana alternando las parcelas en las que sembrar
inquietudes.
Hay una
reincidencia cromática en la tonalidad verdeamarillenta, predominando el
amarillo, símbolo de un espíritu en perpetua búsqueda de la calma. Y es que sus
pinturas y dibujos emanan inquietud, búsqueda de sosiego. Son
variopintas-desasosegadas hijas, sus diversas piezas, de un muestrario
vertiginoso.